En realidad es el extracto de una visita medioguiada que hice a unas amigas por el centro de Girona, es decir, por el barrio judio. Lo más sorprendente es que como voy tan poco por allí, pues que fui yo la que se prendó de casi todos los rincones de la zona antigua. A decir: detalles de tiendas y callejuelas estrechas con fachadas de piedra, viejas tiendas con porticones de madera en vez de persianas metálicas, empedrado en vez de asfalto, balcones con plantas colgantes, arcos que unen casas y cubren calles, gatos que circulan de un portal a otro, escaleras de piedra que suben, escaleras de piedra que bajan, restos de muralla medieval, cipreses que asoman de patios cerrados, músicos y artesanos que aparecen y desaparecen en un laberinto de calles, casas de colores asomando al rio... es mejor verlo a que te lo cuenten.

En las fotos: langosta realizada con latas, gárgola metálica junto a la
catedral (cada vez que la veo me acuerdo de los gusanos de
Tim Burton), el pitufo entre los helados de la Gelateria Gioconda (mmmmmmmmm!), sillas realizadas con alambres de las botellas de cava, detalle de una escalera y "
sitio donde venden DROGAS".