En casa a veces cenamos fideos chinos. Fue un descubrimiento casual y como nos gustó y es muy rápido de preparar, nos salva más de una vez de liarnos con la cocina.
Hay diferentes sabores y éste en concreto me sorprendió porque en el sobre iba incluida esta cosita redonda que me recordó algo....
¡¡Es la extraña espiral que sale tantas veces en Ranma ½ !!
Aún no sé bien lo que es, pero parecía hecho de pasta. Para ser sincera, no tenía gusto a nada.... ¡glups!
No es que tenga un gran surtido de agujas de punto, ni tampoco es que sean muy buenas, pero hacen su función cuando las necesito y la mayoría son herencia de mi madre. Así que después de pulular de un lado a otro de mejor o peor manera, un día decidí que podría hacerme una bolsita para guardarlas.
Reconozco que la costura no es lo mío, pero precisamente por eso me hace ilusión cómo me ha quedado. La flor de ganchillo no sé si la hizo mi madre o mi abuela, porque es reciclada del surtido que me pasaron.
Cada año suelo felicitar con unas postales hechas por mí a los más allegados (no suelen ser más de 5 ó 6 porque sería una locura hacer más).
Pensé que después de hacer broches las dos últimas navidades, lo mejor sería hacer algo más minimalista. Me imaginé una estrella de las que se forman en los copos de nieve, así que comencé a buscar por internet algún patrón. Pero no tuve suerte y al final me la inventé (enseguida me dí cuenta de que hubiera sido más rápido y simple empezar por ahí, porque perdí mucho tiempo buscando sin éxito).
Una vez hechas, tuve que llamar a mi madre para que me recordara cómo se almidona. Me sorprendió un montón diciéndome que nada de arroz como yo creía, sino que calentara agua y le pusiera un poco de azúcar; y con esa mezcla impregnada en las estrellas, las sujetara con agujas y a secar. La verdad es que han quedado bien, pero no sé si esto en verano es un reclamo para las hormigas...
Luego con unas letras de calco, papel cebolla y cordón, acabé de rematar lo que resultó una felicitación-marcador-de-libros-navideña.
¿Qué me he olvidado esta vez? Hacer las fotos de las felicitaciones ya terminadas...
Otra parte del viaje que no quería perderme, es la excursión en globo por la Capadocia.
Realmente, si alguien va por la Capadocia, se lo recomiendo. Yo leí que muchas personas que lo han hecho pensaron lo mismo: es caro, pero cuando bajas de allí te das cuenta de que vale la pena.
Éramos muchos globos los que salimos del Valle del amor. El nuestro es como el de color rojo y blanco que se ve en la foto.
En nuestra cesta íbamos 20 personas y una de ellas era una señora mayor que necesitaba ir con bastón. La verdad es que me pareció muy valiente por su parte, pero seguro que disfrutó muchísimo del paseo.
El paisaje es una pasada visto desde cualquier punto, pero desde el cielo es fantástico, porque el globo te acerca, te aleja, te sube, te baja... estupendo para ver las montañas desde todos los puntos.
En ningún momento sentí vértigo, bueno, cuando alguien comentó hacer puenting desde donde estábamos (1500 m. de altura), la cosa cambió un poco.
Así que si tienes pensado ir al sur de Turquía, no lo dudes, móntate en globo.
Hoy hace 8 días que volví de mi viaje a la Capadocia y aún estoy organizando las fotografías. ¡Hay tantas!
Acueducto entre campos de algodón
En el pequeño trocito de Turquía que he visitado, he visto contrastes y monumentos que no me esperaba de esta tierra.
Teatro romano en Aspendos
Ventanas que me llevaron al pasado, y sentirme por un momento como transportada en el tiempo.
Teatro romano en Aspendos
Espectáculos de la naturaleza que no pensé encontrar en mi visita.
Cataratas en Manavgat
También me esperaba pasar un poquito de hambre porque creí que la comida sería picante o distinta a la que está acostumbrado mi paladar. Pero hay donde escoger y encontré todo buenísimo.
Antalya
No había mucha pobreza, porque el turismo ha ayudado un poco a subsistir. Aún así, de vez en cuando, tropezaba con un poco de abandono.
Fachada en Antalya
De Antalya me esperaba una ciudad más impresionante, pero tampoco decepcionó.
Puerto de Antalya
Tenía cosas curiosas que no venían en mi guía, y sin embargo, me parecieron más interesantes.
Tranvía de Antalya
Side fue otra cosa. Me gustó desde un principio. Estaba llena de monumentos romanos dignos de ver.
Templo de Apolo en Side
En Side encontré esta peculiar playa.
No name beach en Side
Allí pude refrescar mis pies, cansados de tanto recorrido.
Mar Mediterraneo en Side
Pero aún tenía mucho camino por delante y eso ya es cosa de otro post, ¿no?
Tengo un montón de proyectos que hacer en casa. Pero de toda la lista, me salté lo menos grato y fui directamente a esta idea que se me ocurrió un día. ¿Cómo reciclar cajas de madera que ya no usamos?
¿Dónde guardar las revistas de punto, decoración, cocina.... que por sí solas no se aguantan bien en las estanterías y las dejamos en cualquier sitio? He aquí la solución, el revistero reciclado:
Calcando de otro que tenía de cartón, recorté la plantilla, la pegué y luego fui añadiendo tablilla por tablilla. Es entretenido y aún no está del todo terminado, pero estoy muy contenta con el resultado. ¿Me atreveré a hacer más?
Editado: me voy de viaje unos días, perdonad si no respondo de inmediato vuestros comentarios ni me paso por vuestros blogs. A la vuelta os cuento ;)
En mi familia, desde que yo recuerde, siempre se ha celebrado la noche antes del día de todos los santos, la noche de la castañada. Recuerdo a mi madre prepararnos castañas, boniatos y panallets.
En el colegio me enseñaron a realizar unos muy sencillitos. Sólo necesitas coco, zanahoria y azúcar. Tanto el coco como la zanahoria han de estar rallados y se mezclan a partes proporcionales. Después se añade azúcar y se hacen las bolitas. Son muy ricos y desde luego, mucho más ligeros y sencillos que los panallets convencionales (que aún así, sigo haciendo porque también me gustan).
Éste año los he decorado como si fuesen calabazas de Halloween... es que se está implantando esta fiesta quieras o no, y por calabazas que no quede, que a mis sobrinos les encanta.
Pues sí, como dice la canción, no estoy muerta sino de parranda. Este verano está siendo muy aprovechado y voy de aquí-allá, de cumpleaños en cumpleaños, de excursión en excursión, de salidas nocturnas y otros menesteres...
En cuanto pueda, estoy por lo que tengo que estar. Mientras tanto, una pequeña muestra de sombrillas varias que no he puesto en el grupo de La vuelta al mundo porque se me hizo tarde. (No he participado este mes en el grupo, pero fotos hice unas cuantas a pesar de que el tema no me gustaba nada -cosa extraña, porque al resto del grupo parece encantarle).
1. Detalle de Venecia. 2. Tienda en Florencia. 3. Sombrilla solitaria en Collioure. 4. Sombrilla verde en Collioure. 5. Terraza en Collioure. 6. Tienda en Collioure.
Mientras tanto, esperaré que el tema de septiembre motive más a mi cámara.
Ya hace tiempo que mis amigas se engancharon a este juego de las Farms, pero no les hacía caso porque creí que era otra tontería más del Face. Pero cuando hace una calor abochornante, y no puedes salir a la playa porque te quedaste sin coche (de revisión), pues te apuntas a lo que haga falta. El Farmtown, es más adictivo (creo yo) por varios motivos. Aunque los iconos son un poco toscos y los personajes tienen por defecto cara de pera todos (no da opción a cambiarla), es más interactivo. Viajas más de granja en granja y hay sitios comunes para comprar, vender y buscar trabajo (te dan más puntos).
Sin embargo, el Farmville, tiene un diseño más cuidado y atractivo. Es más lento para expandirse, pero las calabazas a punto de cosecha son una maravilla (lástima que capturé estas imágenes después de cosechar). Sin embargo, es más lento y aburrido. Aunque tienes muchísimas más opciones para hacer tu personaje.
Pero qué os voy a explicar yo, si seguro que ya las conocéis. ¿No? ¿Pues a qué esperas para hacerme tu vecina?
Bueno, esto va por partes y a trompicones, pero poco a poco el recorrido por la Toscana va saliendo. Como de Florencia son tantas fotos las que aún no tengo en orden, pues paso el turno a Siena, que aún así, también tiene lo suyo. No creí que nos diera tiempo de verla porque tenía calculado que Florencia nos acapararía mucho más de lo que hizo, pero fue una suerte porque nos gustó muchísimo el cambio.
Así que un buen día, cogimos el tren y nos dirigimos hacia allí. Por cierto que TODOS los trenes a los que subimos eran antidiluvianos (pero sin el encanto de los antiguos trenes de carbón) e incluso algunos sin aire acondicionado y otros, como el que nos llevó a Pisa, ¡con las ventanas selladas y sin aire!
Llegamos a la hora de más sol y sin saber cómo diantre se iba de la estación a la ciudad. Tienes que ir a un centro comercial que hay en frente, bajar al sótano y coger el autobús, pero antes comprar billete en un kiosco de la estación, total, para que luego no haya revisor y veas que todo el mundo sube sin pagar. Pero por si acaso, más vale hacer las cosas bien...
Siena no es muy grande, pero tiene a cada esquina algo que te hace parar y pensar que siendo menos conocida que otras ciudades de la zona, tiene más encanto si cabe.
Y luego siempre hay algún artista que acaba de rematar por si acaso.
Lo que no falta en cada plaza, es una escultura de la loba con Rómulo y Remo. Y a veces, si yo no me daba cuenta, ya tenía alguien que me llamaba para enseñarme algo que pasé de largo sin fijarme, como en esa puerta entre abierta que deja ver unos antiguos vestidos.
Por si fuera poco, si la ciudad no aportaba suficientes detalles, también los habitantes tenían cosas curiosas como esta bicicleta de mimbre. ¡Con dos bocinas! ni más ni menos.
Pero habían muchas más cosas, e incluso tuvimos una actuación en directo.